El documento enviado por el Gobierno Nacional no permite tener una visión global de la economía ni del desempeño de la economía del país, ni tampoco de sus perspectivas en el corto plazo, pues como queda dicho, está armado en base a datos falsos.
Es una mala noticia que pudiendo hacerlo, el Gobierno decida no corregir su rumbo. En vez de efectuar previsiones para combatir la pobreza, la indigencia, la inflación, y la inseguridad, todos fenómenos que se encuentran ligados, el elenco gobernante se contenta con tratar de manipular los índices para que lo que existe en la realidad no se refleje en el papel. Esto es todo. Cada día que pasa, en este sentido, es un día perdido y aunque Argentina tenga el potencial para recuperarse, lo cierto es que el tiempo perdido no se recupera jamás.
Esta mención al tiempo que hacemos no es un mero alarde literario. Peligrosamente, el llamado Presupuesto no contiene previsión alguna para combatir la inflación. El Gobierno simplemente, sigue negándola, lo que equivale a decir que niega el principal problema de la economía y del bolsillo de la gente.
Enfrascado en su cabalgata de anuncios cada vez más enrevesados sobre lo que pretenden hacer con el dinero de los jubilados, han olvidado sin embargo, colocar siquiera una línea que diga que van a pagar los juicios pendientes. Y en este sentido, el paso del tiempo, es un modo cruel de intentar evitar el cumplimiento de obligaciones para con jubilados al que una vez más recurre el Gobierno desoyendo tanto sentencias de la Corte Suprema como reclamos políticos.
En el mismo sentido, el costo de las políticas gubernamentales sigue dirigido hacia los sectores que tradicionalmente han sido su blanco: hasta el momento el Presupuesto no indica que vaya a ser modificado el Mínimo No imponible del impuesto a las Ganancias ni hay ninguna otra previsión de que el público alcanzado por este impuesto pueda gozar de exenciones en otros tributos que permitan aliviar su carga.
De este modo, más y más trabajadores que por efecto de las paritarias ingresen al lote de quienes deben tributar, seguirán la misma suerte de quienes hoy ya pierden un sueldo por año por la injusta aplicación del tributo sobre salarios y jubilaciones.
Otras señales de alarma que surgen del Presupuesto Nacional tienen que ver con la situación de las Provincias a las que por lo visto el Gobierno Nacional no piensa pagarles las deudas ni cooperar con ellas. En este sentido, las obliga a endeudarse y luego les dificulta el financiamiento.
Pero mientras que así actúa con el dinero de terceros, para sí mismo el Gobierno se comporta como un glotón: ahora busca usar el dinero de las Reservas del Banco Central en financiar gastos corrientes. Este uso discrecional de las Reservas sobre el que venimos alertando hace años traerá los mismos resultados que ha venido causando, es decir, mayor inflación y mayor pérdida de credibilidad.
A diferencia de la Ciudad donde el Poder Ejecutivo local no cuenta con superpoderes ni puede emitir DNUS para cambiar destinos presupuestarios, el Gobierno Nacional no tiene freno alguno, y proyecta autoatribuirse más fondos eludiendo el Congreso o bien redireccionar lo que dice es para un fin para gastarlo en otro totalmente contrario o aún no previsto.
Pese a esto, no hay evidencia de que sus gestores económicos sepan cómo enfrentar la interacción de los factores externos y de los agentes privados en un futuro próximo, por el contrario, todo parece indicar que el Gobierno busca profundizar sus errores y aplicar sobre una economía que pareciera no responder a las manipulaciones oficiales, recetas que ya han fallado y que antes de ser aplicadas, ya huelen a viejo. |